Una conversación sobre la vida y el absurdo con Clara Usón y sus personajes

La redacción del Serendipity Periodical ha tenido la oportunidad de compartir un poco de tiempo con una de las escritoras más leídas de los últimos años, Clara Usón (Barcelona, 1961), cuya pluma se enfrenta continuamente con los problemas políticos y culturales de su País durante los años de la dictadura franquista. Una declaración personal y biográfica de su vida que asume valor colectivo y generacional.

La encontramos a la Feria del Libro en Roma, y le preguntamos un poquito más en relación al sentido y al trabajo literario de su nuevo libro, “El asesino tímido”, y sobre la vida secreta de sus personajes.

¿Por qué eligió a Sandra Mozarowsky como eje principal de este libro y porqué fundir su biografía con la de Sandra?

Por azar, así como casi todas mis novelas empiezan por azar. Me tropecé con una alusión a Sandra Mozarowsky en un diario digital; eso me hice investigar su vida, una vida trágica, una vida corta, una vida que tuve una posible relación con el Rey, y como escritora eso me parece fascinante y también interesante. Ella no tiene nada que ver conmigo, claro, y esto es un reto, es un reto para mi demonstrar que en realidad si, que somos casi hermanas.

¿Usted cree personalmente que el Rey fue implicado en la muerte de la joven actriz?

No tengo ni idea, vamos a ver solo rumores, pero lo que si es cierto es que la versión oficial de la muerte de Sandra es inverosímil. Supuestamente Sandra se cayó de un balcón cuando regaba las plantas, a las 3 de la mañana, una noche de agosto, en Madrid. Hay fotos de Sandra en ese balcón, en esa terraza, la barandilla es muy alta y las plantas estaban en el suelo, para regarlas tenía que agacharse, de modo que eso no pudo ser. Ahora, del salto a relacionarla con el Rey son rumores, no me constan.

El destape cinematográfico se describe en su libro como una manera para ilusionar a la gente, para darle la impresión que el País, en los últimos años del franquismo, estaba obteniendo más libertades, aunque el franquismo y las restricciones políticas seguían viviendo; ¿se puede hablar entonces de cine político y no simplemente de cine erótico?

Yo he llegado a esta conclusión muchos años después, porqué cuando uno es joven, una niña, vive la vida, la percibe y la siente, entonces la impresión que pudiera ser ilusoria es una cosa que la comprendí mucho después, como cuando uno vuelve la vista atrás; en aquel momento yo creí, como mis contemporáneos, que este tipo de cine era un ejemplo de libertad, que España empezaba a ser un País abierto, y que era muy trasgresor y algo ilusionante el hecho que podíamos ver en pantalla el desnudo femenino, masculino nunca. Muchos años después he llegado a la conclusión de que fue una forma perversa, es decir mediante la exhibición del cuerpo femenino, la mujer como objeto, del régimen de, como tú dices, hacernos ilusionarnos con la idea de que había una cierta relajación del régimen represivo y al mismo tiempo de anunciarnos que iban a cambiar las cosas, porque de hecho cuando se aprobó la constitución y nos volvimos democracia, el cine de destape desapareció.

¿Siempre en relación al destape y a la manera de relacionar libertad con cuerpos desnudos y provocadores, usted cree que algo similar está pasando hoy en día con los nuevos instrumentos mediáticos, como por ejemplo Instagram?

A mí me descorazona y me desanima, sobre todo como mujer, percatarme de que en realidad no aprendemos nada y no cambiamos; o sea, yo hace mucho tiempo me rebelo contra la idea de que la mujer sea apuntada ante todo por su aspecto físico, y no por lo demás; la mujer, es más. Hay un cierto recelo de la mujer inteligente, porque se ve como una amenaza, tiene que ser guapa, y si es inteligente no acaba de estar bien; las dos cosas casi no pueden estar juntas, si es guapa no puede ser inteligente. Yo pensé que eso iba a cambiar, ¡pero veo que ha cambiado muy poco de manera que hay iconos de la mujer en la modernidad que son famosas por sus culos! Tú dices Instagram, bueno hoy todos tenemos Instagram y las redes sociales pueden darnos muchas cosas, claro, pero, de hecho, son medios de manipulación tremendos, lo hemos advertido, pueden servir incluso para poner a un presidente en los Estados Unidos. Es algo muy peligroso, y han fomentado el narcisismo colectivo de una manera extraordinaria.

En cuanto a la mujer, las jóvenes de ahora, muchas jóvenes de ahora, están más obsesionada con su aspecto físico que las jóvenes de mi generación, y eso me entristece.

¿Entonces todo eso no tiene nada que ver con la libertad y las alusiones a nuestra época como época de máxima expresión de la misma?

No, esto es lo contrario de la libertad, es tiranía, la tiranía de la belleza, del conformarse a una norma; de hecho, por lo que leo, hay muchas adolecentes que sufren por anorexia y bulimia, todo pasa por el hecho de conformarse a los modelos que imponen las redes sociales. Si eres mujer y no eres deseable, si no eres sexy, no tienes sitio.

Lo más lamentable es que yo creía que íbamos a cambiar eso, pero veo que no avanzamos, esta es la sensación que yo tengo, porque luego hay también muchos jóvenes, por ejemplo, que se manifiestan por el cambio climático. Pero lo que pasa es que, en este sentido, la hegemonía cultural americana que estamos padeciendo ahora más que nunca con Instagram, Facebook etc., nos lleva a la manifestación, los mas importante es el aspecto físico, y todos nos convertimos en impostores, mostramos una vida que no tenemos y eso significa por lo tanto ocultar la vida verdadera que está detrás, salvo que se puede mostrar en las novelas, yo intento hacer esto: mostrar en mis novelas la vida verdadera detrás de las apariencias.

Me ha gustado mucho la manera con la que usted empieza su libro: ‘’Fui joven en una época en la que el futuro parecía joven también’’; cual es la característica principal de su generación y sus diferencias respecto a la anterior?

La vida así como la percibimos non es una percepción por supuesto subjetiva, precisamente porque yo estrené la juventud al mismo tiempo que la democracia, hay una gran diferencia y de hecho se produjo un conflicto generacional en España como no se ha repetido, porque mis padres, la generación de mis padres vivió casi toda su vida, la infancia y la mayor parte de la vida adulta, bajo el franquismo, y nosotros de pronto decidimos que no teníamos nada que ver con ellos. Nos avergonzaba el franquismo, no queríamos saber nada del franquismo, querríamos ser europeos, querríamos hacer aquel salto de veinte años de diferencia de franquismo a Europa y fue una generación que tuve unos conflictos con nuestros padres extraordinarios. Y yo me di cuenta que, como que la vida es precisamente como la percibes, nosotros éramos muy afortunados porque teníamos muchas esperanzas y la ilusión de que nuestra vida podría ser maravillosa, de que no teníamos limites, de que todo era posible para nosotros, el franquismo era vivir con miedo, nosotros fuimos temerarios porque no teníamos miedo de nada.

¿Por qué Wittgenstein aparece de repente como otro personaje en su obra? ¿Cuál es su papel en la economía del libro? De verdad que aparece como un personaje muy diferente con respecto a la figura de Sandra.

Eso es uno de los retos que yo me pongo como escritora, a partir del caos o del desorden encontrar un orden, una manera de encajar las piezas de manera que todo tenga sentido y unidad, que sea ilusión a través de las novelas, porque la vida, como decía Camus que es otro personaje de la novela, es absurda. Pero las novelas absurdas no las leemos porque no nos gusta confrontarnos a eso, todos necesitamos de esta ilusión de sentido que nos da la novela. De la misma manera, este personaje (Wittgenstein) parece que no tenga nada que ver conmigo y Sandra Mozarowsky, pero si tú ves lo que Sandra Mozarowsky dice a un periodista, con 17 años, cuando le preguntan ¿Qué piensas de la muerte?

¿tienes miedo de la muerte? Una pregusta extraordinaria a una persona tan joven, ella responde que bueno la muerte no la preocupa porque no la ha experimentado, y como que no la ha experimentado ella dice que no tiene sentido tenerle miedo, es una pregunta que le parece absurda como una tontería. Pero si vas a ver lo que dice también Wittgenstein, o sea que la muerte no forma parte de la vida, por lo tanto, no tenemos que preocuparnos, ves que Sandra era una sabia como Wittgenstein.

Hablando del mito de Sísifo, que a menudo recurre en sus palabras, ¿usted cree que la vida no tenga sentido si no hay una roca que subir? ¿Y cuál fue la suya?

Yo no hablo en general, porque no puedo dar lecciones, todo esto es en cuanto a mí. Yo pienso que la vida no tiene sentido y me alegro, porque si tuviera sentido, si tuviera una finalidad y tuviéramos que cumplir con eso y si no cumplíamos con eso hemos fallado, seria tremendo.

Para mi es liberador pensar que la vida es algo diferente de lo que nos decía la religión, una religión que habla de una vida donde no hay muerte y que describe la vida misma de manera determinada, siempre con esa culpa y con el mismo sentido establecido. El pensar que la vida no tiene sentido y que no hay un más allá te libera, y significa que cada uno puede vivir la vida como quiera. Eso es como la he interpretado yo. No tengo que dar cuentas a nadie de lo que hago con mi vida, la vida no es una carrera con una línea constante.

Lo que pasa es que por otro lado, para olvidarnos de eso, todos tenemos que subir una roca, para olvidarnos de lo que para nosotros es lo más complicado aceptar: o sea que vivimos para morirnos, como decía Camus, que estamos pensando en el mañana cuando el mañana nos mata; pues la manera de olvidarnos de eso es estar ocupados, tener una ilusión, por eso la vida humana es trágica, y tiene interés aunque sea la vida más banal, aunque sea la vida, como decía Camus, de lunes a viernes, la vida del levantarse, ducharse, desayunar, tomar el bus, oficina, comer, regresar a la casa y cada día la misma rutina, porque todo eso se hace con la consciencia de que eso se va a acabar y no sabemos para que lo hacemos. Eso hace que cualquier vida humana pueda ser objeto de literatura, todos somos en alguna manera héroes griegos y heroínas griegas. En cuanto a mí, la manera que tengo de aceptar eso, el absurdo de la vida y la contradicción de la vida, es poniéndome metas, poniéndome retos, en mi caso son las novelas; Danilo Kis, un escritor yugoslavo, era muy tragico, muy melodramático, decía que el dilema es ”ahorcarse o escribir”. En mi caso es así. Escribir hace que me olvide de todo, que me olvide de la impulsión auto-destructiva y que tenga una roca, que es la novela, que subir; una siempre quiere escribir una obra inmortal, escribir la Divina Comedia, y cuando tienes la roca casi arriba piensas que en realidad tú no has escrito la Divina Comedia, que no has escrito el Quijote, has vuelto a fracasar, y la roca cae abajo; y gracias a Dios cae, porque entonces podemos volver a subirla, porque si la dejas alla arriba, entonces qué?

La relación con su madre es también muy importante en el libro, de repente usted deja de hablar de Sandra y empieza a hablar de su familia; esta escrito que ella quería más a sus hermanos que a usted, una mujer víctima de la sociedad machista en la que vivía…

Mi madre la verdad es que me dio la vida dos veces, primero cuando nací y después cuando yo, impulsada por esa obsesión autodestructiva y por las drogas, lo cuento allá, una y otra vez me empeñaba a tirarme al pozo, y mi madre cada vez me sacaba del pozo, no se cansaba nunca, era como lo de la roca y yo era la roca que mi madre subía montaña arriba; me caía, me volvía a subir; eso sí que era la maldición de Sísifo.

Con mi madre tuve una relación difícil de niña y de adolescente, casi de hostilidad. Yo siempre pensé que mi madre me aguantaba, me cuidaba porque me tenía que cuidarme, pero que no me quería, que quería a mis hermanos, pero a mi hermana y a mí no. Y después, muchos anos después, cuando tuve verdaderos problemas y fue ella que hizo por mí lo que una madre normal no hubiera hecho, descubrí que en realidad le importaba. He escrito esta novela un poco para homenajearla y porque me he dado cuenta, tantas cosas uno se da cuenta después, de que no se lo dije en vida. Al final ella fue más autodestructiva que yo, las dos teníamos muchas cosas en común, como por ejemplo el escaparnos mediante substancias toxicas de una realidad que nos oprimía. Yo me salvé y ella no.

La última, tal vez la más difícil, pregunta: ¿que significa para usted hacer literatura en nuestros tiempos?

Te puedo decir que ahora tengo cierto pesimismo, ahora me siento anacrónica, me da la impresión de que la literatura y la cultura como la hemos entendida hasta ahora está desapareciendo, ya no interesa. Antes ibas en el tren, o en el metro, y la gente leía, leía el periódico y los libros, ahora estamos todos con el teléfono, el teléfono y las series en la televisión y la capacidad de atencional ha disminuido mucho, entonces tengo la impresión de que, por primera vez, en muchos años, en dos mil años, la cultura puede volverse absolutamente accesoria, inútil.

Esto me da miedo, me da pena, yo he vivido toda mi vida para esto, pero a ver yo creo que habría que darle el nobel de literatura no al mejor escritor sino a quien consiga que los jóvenes sigan leyendo libros.

Creo que los lectores son una especie en extinción y me da mucha pena porque yo creo que la literatura nos permite no solo conocer otras culturas y comprender que somos todos iguales etc., pero sobre todo nos permite desarrollar cierto espíritu crítico, nos permite estar más preparados para no ser tan manipulables, nos quieren más ignorantes porque cuanto más ignorante seamos más fácil de manipular…

 

Entrevista  por

Claudio O. Menafra

 

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